La FAPE se propone liderar la creación de una Plataforma por la Defensa del Periodismo, integrada por las organizaciones más representativas de la profesión. Esta célula de crisis exclusivamente profesional diseñará una estrategia de actuación para poner en práctica la exigencia de unos principios -la mayoría equivocados- ante las administraciones, los sindicatos y las empresas del sector, y que ha anunciado en la llamada Declaración de Sevilla, un texto que quedará para la historia por pretender rematar al periodismo ahogando definitivamente su labor de fiscalización con subvenciones estatales. Estos son los principios que hacen que me reafirme en que la FAPE ha llegado tarde, mal y arrastras en todos los frentes abiertos:
• La supervivencia de unos medios de información rigurosos, independientes y profesionales constituye una condición indispensable para asegurar la pluralidad de la sociedad a la que sirven y el ejercicio responsable de una democracia representativa.
- *Apunte a este apartado: la FAPE debiera dar un paso más allá, actualizarse y apelar no ya a la democracia representativa, sino a la democracia participativa que ha permitido la web 2.0. Claro, esto pasa por hacer comunidad, por hacer red, por eliminar conceptos como exclusividad, por dialogar, por conversar en red para transformar las conversaciones en informaciones y para generar con esas informaciones más conversaciones en red.
• La calidad de esos medios es, a su vez, condición necesaria para garantizar esa supervivencia, sobre todo en un entorno en el que la proliferación de información indiscriminada y gratuita exige con más urgencia asegurar ventajas comparativas que garanticen su competitividad. En consecuencia, la reestructuración de los medios provocada o agravada por la crisis actual nunca debe ir en detrimento de su calidad. Estamos convencidos de que sería tanto como acelerar su declive.
- *Apunte: siendo precisos, lo correcto debiera ser apelar a la calidad de los contenidos, no de los medios, y en esto, todos somos responsables: empresarios, editores y periodistas. En cuanto a la reestructuración de los medios, es una necesidad previa a la crisis económica, no una consecuencia de ésta. Una necesidad dada por el cambio de paradigma comunicativo que han generado internet y las nuevas tecnologías, y que ya se hacía palpable mucho antes de la crisis económica, que sólo ha sido la puntilla. El problema ha sido mantener un modelo de negocio y comunicativo que se iba quedando arcaico a pasos agigantados mientras la ciudadanía-comunidad -antes masa para los medios- tomaba ventaja. Y lo cierto es que hoy, la calidad de contenidos no es exclusiva de los medios de comunicación tradicionales, a veces, incluso todo lo contrario.
• La calidad de los medios depende del ejercicio responsable de un periodismo entendido como transmisión de información, análisis y opinión elaborados bajo unos principios éticos y con un importante grado de valor añadido. Eso sólo lo pueden proporcionar profesionales formados y con experiencia.
- *Apunte: pretenciosa afirmación la de la FAPE ese “sólo lo pueden proporcionar profesionales formados y con experiencia”. Cierto es que en la era de la sobreabundancia hay demasiado ruido, y proliferan los oportunistas, pero la capacidad de difundir información, análisis y opinión con principios éticos y con valor añadido tampoco es exclusiva de los periodistas. Basta con echar un vistazo a la blogosfera y echar mano de unos cuantos ejemplos que proliferan de gente no profesional con capacidad suficiente para informar con veracidad, conocimiento y ética sobre determinados asuntos. Ahora bien, en un entorno donde prima la opinionsharing, los medios deberían incentivar el newsharing y el debate público.
• Es preocupante, por tanto, que las regulaciones de empleo que se están produciendo en la actualidad, además del grave problema laboral que generan, puedan afectar a la indispensable calidad de los productos informativos que ofrecen los medios en la medida en que los descapitalizan profesionalmente.
- *Apunte: sin duda, en una redacción donde las sillas de los periodistas las empiezan a ocupar becarios a cambio de limosnas, y donde los que sobreviven lo hacen bajo políticas del miedo y la amenaza, con censuras a la libertad de expresión y de información, con recortes en derechos laborales, sueldos insultantes y jornadas de trabajo insoportables, es imposible generar contenidos de calidad (el ambiente de opresión y miedo, y el desgaste psicológico de los profesionales tiene resultados en su trabajo).
• La reestructuración de los medios debe realizarse no sólo teniendo en cuenta la reducción de sus costes para asegurar su viabilidad hoy, sino la de abrir otras perspectivas de negocio en un escenario cambiante y abierto a nuevas oportunidades que ofrezcan posibilidades de continuidad a los profesionales que dejen de ser necesarios en el modelo actual. Es imprescindible que las redacciones, es decir, los periodistas puedan tener voz e influencia en el diseño de esas nuevas perspectivas empresariales.
- *Apunte: totalmente de acuerdo.
• Dado que unos medios de información saneados e independientes son absolutamente necesarios en un Estado de Derecho y garantía de pluralidad social y calidad democrática, el Estado debería abrir una línea de ayudas a las empresas de comunicación en crisis, siempre bajo la condición de que esas ayudas se destinen a financiar proyectos viables económicamente y respetuosos con los profesionales de la información.
- *Apunte: este principio que defiende la FAPE desvirtúa por completo cualquier intento de revitalizacón de la cosa periodística. Es lamentable, indignante, indecente y vergonzoso que los propios periodistas busquen la independencia con subvenciones. Papá Estado mata al watchdog y nos convertimos en perritos falderos, vigilados por un nuevo perro guardián: los blogueros. Parece mentira que esta propuesta venga de los propios periodistas. Suicidio. Matamos al periodismo. No a la subvención de los medios.
• Con independencia de estas consideraciones sobre los riesgos profesionales de la actual crisis en los medios, la pérdida de empleos que se está produciendo de forma vertiginosa en el sector urge la adopción de medidas inmediatas que detengan la sangría antes de que ésta se traduzca en un deterioro irreversible de la calidad de los propios medios y en una amenaza cierta para su supervivencia futura.
- *Apunte: loable intención, aunque a mí no me preocupa tanto la supervivencia de los medios como la del periodismo en sí, capaz, hoy por hoy, de desarrollarse fuera de los mass-media o medios tradicionales. Tenemos capacidad de emancipación.
En resumen, defendamos la causa periodística, no la causa de unos medios arcaicos con fecha de caducidad. Defendamos un periodismo abierto, participativo, social, en red, que genere valor en el enlace y en la conversación, no en la exclusividad, y que sea relevante. Abandonemos el claustro de las redacciones y tomemos de nuevo las calles para contar historias relevantes, con la capacidad que se nos presupone para hacerlo de forma más atractiva e inteligible, y con la veracidad, el rigor y la responsabilidad social que se nos exige y nos debemos exigir. Por paradójico que parezca, la era digital hace más valioso el capital humano. Disponemos de las herramientas tecnológicas y recursos profesionales para reconquistar la calle y a los ciudadanos, tenemos capacidad para la sorpresa y la inmediatez, para la interacción y el dinamismo, para la actualización, para la independencia. Podemos volver a ser autores de información. Podemos volver a recuperar nuestra identidad periodística. Con todo ello, y algunas cosas más, como el aprovechamiento de las fuentes, añejas y nuevas (periodista como red social), podremos adquirir la ventaja comparativa que garantice nuestra competitividad, que no es otra que la de constituirnos en informadores seguros para la ciudadanía, de la misma forma que el comercio electrónico requiere servidores seguros.
“Pronto no habrá diarios, sino sólo información” (Thomas Curley, editor del USA Today, en el año 2000).
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